Cuando pienso en que quizá, como segunda vez, el leer este libro sería tan fácil de pasar sus hojas, he sido tan chasqueado como aquellos fieles que se llevaron la gran sorpresa el 22 de Octubre de 1844.

El amor de Dios hacia mí es algo que no ha dejado de resonar en mi mente y ha hecho latir más rápido mi corazón que parece que se me va a salir, el Señor sabe que lo amo pero quizá a mi manera y con todas mis imperfecciones, pero leer nuevamente su amor, a pesar que muchas veces hice cosas que no  le gustaban, a pesar de las palabras que dije, a pesar del trato malo que di, a pesar del daño que he hecho a sus dones, es algo que me llenó de tristeza, arrepentimiento y en oración pedí perdón a mi Dios, que nunca duda en llamarme su hijo, no se avergüenza nunca, no ha llegado a dudar de mí; no ha dejado de amarme, y lo único que puedo pensar es en conocer más de ese amor. Él entiende mi condición, mis motivaciones, mis tentaciones y mi actuar, y no lo acepta, estoy seguro, pero me insta a que llegue a ser esa obra poderosa de Él, no quizá un súper predicador o algo así, sino su obra poderosa de vernos pronto, de restaurarme; porque, si vino a morir por mí, solamente para que viva con Él por toda la eternidad, entonces quiero ese amor, porque quiero amar también así, quiero y necesito de Jesús.

Cuando recapacito en mi verdadera naturaleza, veo que yo mismo huyo de un Dios que ve como estoy lejos de Él, porque el pecado lo único que ha hecho, no es darme felicidad, es abrir un abismo entre el cielo, la morada de Dios, y yo; perdido en esa realidad desde siempre ha habido alguien que tendría que ser un puente, de hecho una escalera, porque cuando Jacob vio esa escalera esa noche en medio del desierto era una muestra de una persona que sería esa comunicación con el Cielo, por quien tenemos acceso a un ejército de ángeles s nuestra disposición, a las más grandes bendiciones para mi vida, a un amor que sobrepasa mi entendimiento, tengo un Camino para encontrarme con quien me hizo, con quien me pensó incluso antes que mis padres. Mi mayor necesidad siempre será que Jesús este entre yo y mi Padre porque solo así puedo llegar a Él, hasta cuando venga y entonces esa brecha grande que hay entre nosotros se ira acortando, hasta que vuelva a ser a su imagen; no por eso esperar a que me transforme para ser así, no, sino desde ahora poder de Él mi centro, mi núcleo.

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